La ministra de Inmigración noruega, criticada por llevar un crucifijo
Un periodista la acusa de utilizarlo para captar votos xenófobos
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Sylvi Listhaug
El
debate sobre la inmigración y el uso de los símbolos religiosos ha
alcanzado a la ministra de Inmigración noruega Sylvi Listhaug, quien ha
sido acusada de colgarse un crucifijo en el cuello para captar votos.
La polémica fue iniciada por Sven Egil Omdal, columnista del diario
noruego Stavanger Aftenblad, quien cuestionó en la página de Facebook de
la ministra los motivos políticos por los que llevaba la cruz. Para
Egil Omdal se trata de un accesorio político, utilizado para impresionar
a algunos grupos de personas «que creen que la xenofobia es una virtud
cristiana».
El periodista, conocido por sus críticas a la
extrema derecha y que ha llegado a comparar a Donald Trump con Hitler,
explicó que había revisado las fotos de archivo de Listhaug desde 2001 y
no había encontrado ninguna en la que llevara el crucifijo antes de ser
nombrada ministra de Inmigración en 2015. Listhaug respondió también a
través de las redes sociales calificándolo como el ataque «más vergonzoso que había visto nunca»
y culpó a Omdal de difundir noticias falsas. El crucifijo, que, según
explicó la ministra, pertenecía a su abuela, tiene un gran valor
sentimental para ella y le ayuda a sentirse más segura en momentos de
tensión como los que conlleva el cargo que ostenta.
«Está
claro que lo he necesitado más durante el último año. No creo que haya
muchos políticos que hayan sido sometidos a tantas críticas y ataques de
todas partes como los que yo recibo o que tenga un trabajo tan difícil
como el mío, así que por supuesto utilizo todos los recursos que me dan la fuerza que necesito». Además, mostró fotos de los años 2006 y 2007, antes de ser nombrada ministra, en las que ya llevaba el crucifijo.
Sylvi Listhaug ha protagonizado algunas escenas muy
criticadas en su país como cuando, en abril del pasado año, se lanzó al
mar Egeo en una visita a la isla de Lesbos para saber «cómo se siente un
refugiado». La política pertenece al Partido del Progreso
(Fremskrittspartiet), un partido populista cercano a la extrema derecha,
aunque con un enfoque más moderado y pragmático que otros partidos
similares en Europa, que gobierna en coalición con el partido
conservador de Erna Solberg desde 2013.
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